jueves, 18 de junio de 2009

Las cartas de Van Gogh, en internet

El museo Van Gogh de Amsterdam publicará en octubre próximo una nueva edición internacional de la correspondencia completa del pintor holandés en inglés, holandés y francés, que constará de seis volúmenes y a la que además se tendrá acceso gratuitamente por internet.
Así lo anunció hoy en una rueda de prensa su director, Axel Rüger, quien explicó que la iniciativa es fruto de 15 años de investigaciones del museo holandés, del instituto Huygens y de la Real Academia de las Artes y las Ciencias de Holanda.
La gran novedad, tanto de la versión impresa como de la digital es que las 900 cartas, 820 escritas por Van Gogh y 80 dirigidas a él, estarán ilustradas con todas las obras pictóricas a las que aluden los escritos. "Se trata de un hito en los estudios sobre Van Gogh" e incluso los expertos tendrán acceso a información hasta ahora desconocida, señaló Rüger.
Las cartas serán reproducidas exactamente como las escribió Van Gogh y estarán acompañadas también de una versión impresa para facilitar su lectura, así como de comentarios.

Una ocasión excepcional

Para marcar la ocasión, el museo de Amsterdam inaugurará el 9 de octubre una exposición titulada "Las cartas de Van Gogh: el artista habla", en la que se expondrán también las obras de la colección permanente de la pinacoteca, que podrá ser vista a través de las misivas. "Será una oportunidad única para comparar los bosquejos que figuran en esas cartas con los cuadros del pintor", explicó Rüger. También se podrán contemplar 120 cartas que rara vez han sido exhibidas debido a la fragilidad del papel en el que están escritas, añadió.
La correspondencia de Vincent Van Gogh es un fiel reflejo de los lazos que le unían con su hermano Theo, de sus sueños, decepciones, amistades y peleas, su batalla con la enfermedad y su pasión por el arte. "Es igual de interesante y difícil decir algo bien como pintar algo", escribió en abril de 1888 en una carta al pintor postimpresionista Emile Bernard, al recordar que muchos de sus colegas "imaginan que las palabras no son nada".
La nueva iniciativa del museo Van Gogh sigue al éxito de la exposición "Van Gogh y los colores de la noche" que cerró hace dos semanas y que fue visitada por 530.000 personas desde febrero pasado.

Publicado hoy en el diario ABC de España.

sábado, 13 de junio de 2009

Los quintos del pelargón Franciso Gragera

Francisco Gragera
Madrid, Oberon, 2004



El libro se abre con la dedicatoria del autor: “A mi padre, de la quinta del Pelargón”. Este gesto permite recorrer el texto con un dejo de complicidad testimonial en segundo grado. El libro se justifica moralmente en esa dedicatoria, mientras que en la dedicatoria se justifican sus contenidos: al morir su abuela, encontró en una caja fuerte unas cartas de su padre a la familia, desde el frente, en la guerra civil.

El libro se estructura por la cronología histórica de la España de la primera mitad del siglo XX: la Segunda República; la Guerra Civil; y la posguerra (en este caso, la participación de la España franquista en la segunda guerra mundial). Pero no se cuenta la historia con un discurso historiográfico, intentando delimitar causas y consecuencias de lo sucedido, sino en un híbrido interesante entre historia política-literatura íntima con un tono ascético y monocorde: pasó esto, pasó. Es cierto que hay ciertos sintagmas con adjetivos valorativos, pero éstos siempre se ligan a cuestiones humanas o epítetos cristalizados (y vaya si no, como cruenta guerra). La cartas nutren sólo el núcleo del relato; el devenir está sostenido por unos párrafos descriptivos de la situación (no la grande referida a toda la península, ni la más íntima y familiar, sino la guerra en la zona); y por testimonios, entrevistas personales a excombatientes (falangistas, en la mayoría de los casos). También, cerca del final, incluye un diario de recluta en el frente ruso sin estridencias, parco y bello.

La guerra civil española, en épocas en que un revisionismo tiende a conformar monolíticamente el nuevo sentido común, aparece este libro con cartas de una manera simple y desnuda. No en vano dice que aquello que lo movió a la escritura fue la lectura de Soldados de Salamina, de Javier Cercas.


5 de julio de 1938 (Frente de Castellón)

Mis queridos padres:

Deseando se encuentren bien, yo bien gracias a Dios. En esta batería estoy muy bien, pues hay un chico paisano.

La carta que recibirían desde Salamanca diciendo que fueran a recoger un paquete a correos no vayan, pues el sábado eché la carta y el domingo fui a llevar el paquete con los pantalones y la camisa, y no me lo admitieron porque tiene que ser mandado para paisanos y no me dio tiempo de facturarlo, así que lo mandaré cuando tenga ocasión, pues estoy en el campo. Aquí estamos admirablemente entre naranjos. En las chabolas da gusto estar con la fresquita.

Me mandarán por correos un paquete con un poco de papel de escribir y un candado para el maletín o la llave.

El viaje lo hice admirablemente, estuve dos días en Salamanca, uno en Logroño, otro en Zaragoza y otro en Castellón, donde encontré la Batería.

Estoy de telefonista con otros dos de Extremadura, a Bernáldez lo mandaron a la 8va. Batería.

¿Y Joaquín? Lo que lo hecho de menos con su risita siempre en los labios.

Sin más, con recuerdos para todos (pues si pusiera uno a uno cogería otra carta), acordándome de la enfermera, las bordadoras, la chatilla y Don Hilarión. Y papá, ¿cómo está? Se despide su hijo.

Francisco Gragera

P.D. Me decís cómo sigue el niño de Rosario y si está la Sra. Ángela más fuertecita.

Al Pijín le mando muchos besos y a Jerónima y Ernesto, y a todos los que pregunten por mí.


Para más reseñas de libros, aquí

martes, 2 de junio de 2009

Cartas trabadas


Unas cartas de Juan Pablo II a una amiga traban su beatificación. Es una polaca que Wojtyla conoció de joven. El vaticano quiere ahora revisar toda la correspondencia.

INOLVIDABLE. JUAN PABLO II CONOCIO A SU AMIGA WANDA EN EL AÑO 1950.
El la llamaba "hermanita"; ella, "hermano". Durante 55 años, Karol Wojtyla, el inolvidable Juan Pablo II, se carteó con su gran amiga Wanda Polaswka, que aún vive, tiene 88 años y reside en Cracovia. La decisión de Wanda de publicar un libro con una parte de aquellas cartas ha causado un cierto revuelo en los rígidos ambientes vaticanos. Para evitar suspicacias en el proceso de beatificación del "Papa Magno" que gobernó a la Iglesia durante 26 años y medio, en la Congregación para la Causa de los Santos -la usina del camino a los altares de la Iglesia- se ha decidido "ver todo".

Wanda Polawska debe ahora dar todas las cartas que intercambió con Wojtyla al relator de la causa de beatificación, el padre Daniel Ols. Objetivamente, esto representa un freno porque se esperaba que para el 2 de abril del año próximo, quinto aniversario de la muerte de Juan Pablo II, su sucesor Benedicto XVI pudiera proclamar su beatitud.

"Santo súbito", reclamaba la inmensa multitud congregada como nunca en la historia en torno al Vaticano en aquellos días gloriosos para el Papa polaco que acababa de fallecer. Aquellos reclamos con gritos, pareados y carteles, ayudaron también a promover la figura de su más grande colaborador, el alemán Joseph Ratzinger, el "ministro" para la Doctrina de la Fe, defensor de la ortodoxia, como su sucesor, el 19 de abril 2005.

El Papa Ratzinger desea intensamente que a los cinco años de su muerte Wojtyla sea beato. De acuerdo a las normas canónicas, normalmente cinco años después de la muerte del candidato a los altares puede comenzar el proceso de beatificación, primero de los dos escalones a la santidad.

El padre Daniel Ols comentó ayer que "no se puede hablar de retraso en la causa de beatificación". "No hay plazos fijos", agregó. "El Papa nos pidió que diéramos prioridad a la causa de Juan Pablo II, pero que trabajáramos bien, o sea con sumo cuidado", advirtió.

La enorme cantidad de cartas entre Karol Wojtyla y Ana Wanda Poltawska son un material muy sensible para la Santa Sede. Wanda consignó una parte de esas misivas a los relatores de la causa de beatificación, pero hay muchas que aún no se conocen.

Poltawska, psiquiatra infantil, madre y abuela, con un marido que era también estrecho amigo de Juan Pablo II, fue siempre una mujer anticonformista, que había sufrido torturas y experimentos médicos por parte de los nazis en un campo de concentración. En 1950, el joven cura Wojtyla la conoció en condiciones desesperadas y la ayudó a salir adelante. Nació así una profunda amistad.

En 1962, Wanda enfermó de cáncer y el futuro Papa escribió al famoso padre Pío de Montalcina pidiéndole oraciones para interceder por un milago. Wanda se curó y Karol Wojtyla atribuyó gran eficacia a las oraciones de padre Pío, a quien hizo primero beato y después santo.

Ayer el diario La Stampa de Turín entrevistó al arzobispo de Cracovia, el cardenal Stanislao Dziwisz, secretario durante cuatro décadas de Juan Pablo II. Dziwisz critica que Wanda haya publicado en un libro una parte de las cartas. "Eran misivas personales, no debían ser hechas públicas. El Papa se escribía con mucha gente que mantiene fuera de la curiosidad pública sus cartas", concluyó.

Por Julio Algañaraz

Publicado hoy en el diario Clarín de Buenos Aires.

lunes, 1 de junio de 2009

Correspondencias visuales

Fotografías, dibujos
Curadora: Valeria González
Sala C
Centro Cultural Recoleta. Buenos Aires.
Viernes 15 de mayo al
Domingo 7 de junio

En 2007 un diálogo entre Marcelo Brodsky y Manel Esclusa fue el origen de una nueva forma de usar la fotografía como forma de comunicación. Ambos fotógrafos querían hacer un trabajo artístico juntos, y llegaron a la conclusión que debían conversarlo visualmente. Comenzó así el primer diálogo visual de esta serie de correspondencias.

A lo largo de dos años mantuvieron un intercambio visual, utilizando para ello las nuevas tecnologías e internet. La inmediatez del diálogo visual y su multiplicidad de significados, abre un campo de experimentación en el lenguaje no verbal que se manifiesta en las correspondencias. Ambos extendieron esta experiencia a otros interlocutores, tras exponer sus primeros resultados en Buenos Aires, Madrid y Barcelona. Brodsky invitó a cuatro artistas a sostener diálogos con imágenes, y sus primeros cinco diálogos constituyen esta primera exposición de los resultados.

Un diálogo es con el fotógrafo británico Martin Parr, un miembro de la legendaria agencia “Magnum” conocido por su visión irónica de la Inglaterra del tatcherismo, extendida posteriormente al resto del mundo. Parr es uno de los fotógrafos que más ha influido en las nuevas generaciones de artistas y creadores visuales. Un diálogo de dos autores distintos, que van encontrando en el intercambio un punto de confluencia y afinidad. La tercera correspondencia es con el fotógrafo mexicano Pablo Ortiz Monasterio, un referente de la fotografía mexicana creador de la influyente revista “Luna Córnea”. Es un intercambio con resonancias bíblicas y familiares, que ha sido publicado como libro por RM en México.

Con Cassio Vasconcellos, de Brasil, el diálogo es el más extenso y alcanza las sesenta imágenes, muchas de ellas dípticos y trípticos. El formato elegido para exhibir este diálogo en el Centro Cultural Recoleta es el de la proyección. Cassio es un fotógrafo que ha expuesto regularmente en la Argentina, y forma parte de la generación de autores brasileños cuya obra está plenamente integrada en el circuito del arte contemporáneo. Por último, el diálogo con el artista alemán Horst Hoheisel se distingue del resto, ya que Hoheisel se expresa con dibujos y no con fotografía. Es un intercambio que abre el juego a otros medios y géneros, al plantearse entre soportes distintos que se interpelan.


Publicado en www.centroculturalrecoleta.org

martes, 12 de mayo de 2009

¿Correspondencia entre Marx y Darwin?


Es leyenda que sólo once personas asistieron al entierro de Marx en el cementerio de Highgate en Londres. Es leyenda también lo que dijo Engels frente al féretro: “Así como Darwin descubrió la ley de la evolución en la naturaleza, Marx descubrió la ley de la evolución en la historia”. Aunque no se conocieron personalmente, Marx y Darwin obligaron a la posteridad a unirlos: vivieron a sólo unos kilómetros de distancia durante buena parte de sus vidas, tenían conocidos comunes, los dos escandalizaron a su época, entre los papeles de Marx se encontró una nota de Darwin acusando recibo del primer tomo de El Capital en su edición alemana y, de aquellos once asistentes al entierro de Marx, sólo uno no era ni comunista ni familiar del muerto: un joven discípulo de Darwin llamado Erwin Ray Lankester.

Pero la relación entre el padre del evolucionismo y el padre del comunismo terminó de fraguar en 1937, cuando Isaiah Berlin tiró una bomba con su brevísimo pero muy citado primer libro Karl Marx, su vida y su entorno. Según Berlin, Marx quiso dedicarle El Capital a Darwin y éste le contestó por carta que valoraba el gesto pero “preferiría que el volumen no estuviese dedicado a mi persona”. La carta de Darwin continuaba diciendo: “Aun así le agradezco el honor de enviarme su libro. Aunque nuestros estudios han sido tan diferentes, pienso que ambos deseamos la ampliación del conocimiento y así contribuir a largo plazo a la felicidad de la humanidad”. Según Berlin, en otra parte de la carta podía entreverse el motivo que llevaba a Darwin a rechazar la dedicatoria: “La argumentación directa contra el teísmo en general y contra el cristianismo en particular rara vez cumple el efecto que se propone sobre el público. La mejor manera de promover la libertad de pensamiento es mediante la iluminación gradual de las mentes a través de los avances de la ciencia”. Berlin veía allí una alusión directa de Darwin a la archiconocida frase de Marx: “La religión es el opio de los pueblos”.

Curiosamente, Darwin casi no sabía alemán, el ejemplar de El Capital hallado en su biblioteca sólo tenía cortadas las hojas hasta la página 105 (las restantes ochocientas, incluyendo el índice, no fueron siquiera hojeadas) y la famosa frase de Marx sobre la religión no está en El Capital sino en su Contribución a una crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel. Por si todo eso fuera poco, Marx sólo admiró por breve tiempo a Darwin: poco después de leer El origen de las especies, descubrió la obra de un tal Tremaux y le escribió entusiasmadísimo a Engels que ese tipo iba mucho más allá que Darwin (Engels, que sabía bastante más de ciencias naturales que Marx, lo convenció con esfuerzo de que el francés Tremaux era un chantapufi).

Pero, como Isaiah Berlin fue una de esas luminarias que parecían saberlo todo, el equívoco sobre la dedicatoria rechazada se mantuvo durante más de medio siglo: hasta los biógrafos de Marx y de Darwin lo repitieron como loros. Incluso hubo quien interpretó el hecho de manera delirante: un tal Schlomo Avineri escribió un ensayo en Encounter, la revista inglesa financiada por la CIA, sosteniendo que el plan de dedicarle El Capital a Darwin era una elaborada broma de parte de Marx; y el cavernario Paul Johnson escribió que lo que Marx le propuso a Darwin era un pacto con el diablo, que éste educadamente rechazó “como el caballero que era”.

Hasta el fin de su vida Berlin se asombró, con el histrionismo que lo caracterizaba, de que siguiera reeditándose y tomándose en serio su librito sobre Marx, pero murió sin enterarse de la magnitud de la gaffe que había cometido. Lo que se sabe hoy es que Berlin, además de haber leído menos de El Capital que el propio Darwin (como él mismo confiesa en sus diálogos con Michael Ignatieff: “A Marx le hacemos el honor de atacarlo pero no de leerlo”), citó en su libro dos cartas distintas de Darwin como si fueran una sola. Lo hizo involuntariamente, por supuesto (era joven, era su primer libro). Pero tuvo la mala suerte de que una de esas dos cartas de Darwin no estaba dirigida a Marx. La historia es así: en 1895, a la muerte de Engels, Eleanor Marx recibió las cartas y manuscritos de su padre y continuó la tarea de ordenarlos con ayuda de su amante, Edward Aveling. Este tipo Aveling había escrito en 1880 un librito de divulgación sobre el evolucionismo (The Student’s Darwin) para la Biblioteca Atea Libertaria de Annie Bessant. Aveling quiso dedicarle el libro a Darwin y le escribió; Darwin se opuso, educada y firmemente. Esa carta (sin sobre, escuetamente encabezada “Dear Sir” y sin ninguna mención explícita al libro en cuestión) fue traspapelada por Aveling y quedó anónimamente en el Archivo Marx, hasta que Berlin “la descubrió” en 1937.

Pero incluso desactivado el equívoco generado por la dedicatoria, quedaba todavía un eslabón perdido en la relación entre Marx y Darwin: ¿qué hacía en el entierro el biólogo evolucionista E. Ray Lankester, el único de los once asistentes que no era ni familiar de Marx ni comunista? La pregunta obsesionó tanto al gran Stephen Jay Gould que en su último libro (Acabo de llegar, entregado sólo semanas antes de morir en el 2002) ofrece la única biografía de Lankester llegada hasta nosotros. E. R. Lankester era, el año en que enterraron a Marx, el principal discípulo de Darwin y biólogo de mérito propio a pesar de su juventud. Llegaría a ser titular de la cátedra de Anatomía Comparada en Oxford, miembro de número de la Royal Society y director del British Museum, el puesto más poderoso y prestigioso de su tiempo. En 1880, año en que conoció a Marx, el joven Lankester venía de desenmascarar en público al falso médium espiritista Henry Slade. A continuación había viajado a París, dispuesto a hacer lo mismo con Charcot, creyendo que usaba los mismos trucos que Mesmer (en cambio, se hicieron amigos para siempre). Lankester era joven, era peleador, era un racionalista extremo, y Marx en sus últimos años prefería los jóvenes a sus viejos amigos (con quienes discutía amargamente por cualquier cosa). Ese es el Lankester que estuvo despidiendo a Marx aquella mañana helada de marzo de 1883.

A Lankester nunca se le conocieron simpatías de izquierda, ni entonces ni después. Al contrario; con el tiempo se volvió cada vez más retrógrado. Opositor al voto femenino, crítico despiadado de la democracia (“No se puede ni guiar ni ayudar al populacho en su impotencia ciega”), solterón empedernido, confidente en sus últimos tiempos de la gran bailarina Anna Pavlova, epítome del homosexual reprimido victoriano, Lankester terminó sus días escribiendo pomposas columnas semanales de divulgación científica en el Times de Londres. Y nunca, nunca en su vida le dijo a nadie que había frecuentado a Karl Marx en sus últimos años y que era uno de los once que estuvieron en su entierro. No se lo mencionó ni siquiera a uno de sus ex alumnos preferidos, el legendario pionero de la genética J. B. S. Haldane, que fue toda su vida un fervoroso comunista.

Cuando se cumplieron cincuenta años del entierro y el Instituto Marx-Engels de Moscú le escribió pidiéndole su testimonio (Lankester era el único de los once asistentes que quedaba con vida), respondió que no tenía ningún comentario personal que hacer sobre el asunto. Y se murió ahí nomás, en 1934. De manera que la única persona en el mundo que conocía a Marx y a Darwin se llevó a la tumba sus impresiones sobre ambos. Y esto es lo que el pobre Stephen Jay Gould, que según propia confesión se pasó media vida obsesionado por ese enigma, logró descubrir antes de irse él también al otro mundo. Por allá andará, seguramente, persiguiendo sin cuartel a Lankester para que le hable aunque sea un poco de Darwin y de Marx.

Por Juan Forn

Publicado en el diario Página/12 de Buenos Aires el miércoles 6 de mayo de 2009.


miércoles, 29 de abril de 2009

Hallan en una botella el mensaje de siete víctimas de Auschwitz


Obreros que realizaban reformas cerca del ex campo nazi de exterminio de Auschwitz, en el sur de Polonia, encontraron una botella con un mensaje escrito por prisioneros, fechado en septiembre de 1944, donde figuran sus identidades y lugar de nacimiento."Los trabajadores demolían un muro del sótano de una escuela cercana a lo que hoy se conserva del campo de concentración cuando se toparon con la botella", explicó un vocero del Museo de Auschwitz. "Creemos que los prisioneros arrancaron un pedazo de un saco de cemento para utilizarlo como papel y escribir su mensaje", agregó.El texto está escrito con lápiz y fechado el 9 de septiembre de 1944. Contiene los nombres, el número de identificación dado por las autoridades nazis y el lugar de nacimiento de siete jóvenes prisioneros, de entre 18 y 20 años, nacidos en Polonia y Francia.

Después de que los especialistas autenticaron el hallazgo, el vocero del Museo de Auschwitz dijo que al menos dos de las personas incluidas en el mensaje sobrevivieron, aunque no pudieron determinar qué pasó con ellas. Y señaló que de acuerdo con lo leído, los prisioneros pensaban que morirían en Auschwitz. El texto, sostuvo, fue un intento de dar evidencia de su existencia. La escuela donde se hizo el hallazgo formó parte de las instalaciones del complejo Auschwitz-Birkenau, una "fábrica de muerte" donde se estima que los nazis asesinaron a más de un millón de personas, en su mayoría judíos. Ubicado a pocos metros de lo que fue el campo de concentración, el actual colegio había sido usado por los nazis como un depósito durante la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con el periodista de la cadena inglesa BBC, Terry Egan, durante los trabajos de los obreros la botella se desprendió de una de sus paredes.

Desde el museo confirmaron que la botella y su mensaje se expondrán en el centro de visitantes como parte del legado de Auschwitz. De visita oficial en Polonia, el primer ministro británico, Gordon Brown, tenía previsto visitar ayer Auschwitz y sus instalaciones donde cada año miles de personas de todo el mundo recuerdan uno de los episodios más trágicos del Holocausto que vivió Europa durante la Segunda Guerra Mundial. En coincidencia, un tribunal de Viena, Austria, condenó a cinco años de prisión al escritor austríaco Gerd Honsik por haber negado la existencia del Holocausto.

Entre los cargos figura el haber propagado la ideología nacionalsocialista –en su revista "Halt" y en su libro "Absolución para Hitler"– a pesar de tener una condena anterior bajo la ley contra la negación del Holocausto que rige en Austria. Conocida la sentencia, Honsik anunció de inmediato que apelaría. También la Fiscalía dijo que apelaría pero porque considera que la pena es demasiado leve.

Publicado hoy en el diario Clarín de Buenos Aires.

martes, 28 de abril de 2009

Palabras de amor y desamor, en las voces de los famosos

Maratón de lectura en la Feria del Libro: Se leyeron cartas que mostraban el corazón de los grandes de las Letras.

El poeta portugués Fernando Pessoa decía "que todas las cartas de amor son ridículas", que "cuando hay amor, tienen que ser ridículas". La invitación a actores para un nuevo maratón de Lectura en la Feria del libro era entonces también una invitación a ponerle la voz al ridículo: leer cartas de amor y desamor, unas febriles y otras rencorosas, escritas por grandes autores de la literatura universal. Frente a la sala José Hernández de La Rural, un chico que ya es el cazador de autógrafos oficial de la Feria juntaba con una sonrisa las firmas de actrices como Cecilia Milone o Julieta Ortega. Pero el amor del público tampoco es para siempre y a los cinco minutos el chico les lanzaba su arsenal de lapiceras y autógrafos por la cabeza a los guardias de seguridad.En la improvisada alfombra roja que lleva hasta la sala donde se celebraba el maratón de lectura, varios periodistas aprovechaban para preguntarles a los protagonistas por el amor. La actriz Cecilia Milone, vestida de negro y con unos tacos de vértigo, mostró cintura y habló de su amor a la lectura (lo primero que leyó en su vida fue Los árboles mueren de pie, de Casona, y de ahí el teatro en general) antes de ponerle la voz a cartas de Frida Kahlo ("Mi Diego, espejo de la noche"). El maratón arrancó una carta de la líder marxista Rosa Luxemburgo leída por Déborah Pérez Volpin.En el público había un popurrí extraño. Un señor de remera verde aprovechaba para robarle besos a la chica que tenía al lado, un chiquito ponía cara de aburrimiento, dos señoras canosas se protegían (desde luego que no del sol) con lentes oscuros dentro de una sala en penumbras. Entonces Víctor Laplace subió a la escena y se convirtió durante casi diez minutos en un Oscar Wilde frágil, decepcionado, al borde del llanto. Leía la extensa carta que el poeta le escribió a Lord Douglas durante los últimos meses que pasó en prisión. Es una carta en la que se quejaba de que "los dioses son extraños (.). Nos llevan también a la ruina con lo que en nosotros es bueno". Por la sala José Hernández pasaban amores a dos voces, como el de las cartas entre el poeta francés Paul Elouard (leído por Tony Lesting) y Gala (Mimí Ardú); trágicos y cinematográficos como el de Virginia Woolf por su marido, cuya carta de despedida leyó Julieta Ortega; otros lésbicos y cómicos como el de Alejandra Pizarnik en sus cartas a Silvina Ocampo. Claudia Lapaco fue de las más aplaudidas de la noche cuando terminó de leer esa carta en la Pizarnik explica que lo suyo "no es una calentura, es un reconocimiento infinito", y hasta se pone brava con la despedida en que "la besa a la rusa, con variantes francesas y a la córcega". Fue curioso oir a Federico D'Elia encarnando a un desesperado Flaubert ("Me parece que no escribo bien", decía uno de los grandes novelistas de la historia), pero más a Soledad Silveyra dándoles voz a las cartas que Jorge Luis Borges le enviaba a Estela Canto.Ahora: el premio a la mejor decisión de casting se lo roba quienquiera que haya pensado en Silvio Soldán en el papel de Napoleón Bonaparte. "Era un lobo en piel de cordero, ese", contaba el presentador antes de entrar en la sala. "Podía parecer muy duro y serio, pero tenía un metejón terrible con esa Josefina. Estaba preocupadísimo con que lo engañara". Soldán es, además de conductor televisivo, poeta. Dice que él lo que prefiere son las cartas románticas más que las "chanchas". Cuenta que cuando planea sus poemas "imagina situaciones y después las escribe".- ¿Y piensa en mujeres para escribir, Soldán?- Sí, siempre en minas. ¿Qué querés?


Por Juan Manuel Bordón


Publicado en la revista Ñ de Clarín el 28 de abril de 2009.