miércoles, 4 de febrero de 2009

Saludos para todos desde estas hermosas playas


Por Beatriz Sarlo

Sólo uno, entre todos mis amigos, conserva la costumbre de enviar tarjetas postales cuando viaja. El gesto es simpático y antiguo.
Las postales tuvieron su apogeo en los años veinte del siglo pasado; luego comenzaron a declinar lentamente, pero esa declinación fue compensada por el aumento de viajeros en la era del turismo de masas que floreció, en Occidente, a partir de la década de 1950. Los turistas siguen comprándolas hoy como souvenir inevitable, luego olvidado en un sobre con el nombre de la ciudad que representan. Pero nada más mortífero para las postales sobre cartón que el correo electrónico y, sobre todo, la captura de imágenes digitales y su envío como archivos adjuntos o su ascenso ala eterna universalidad de las redes sociales.
Mi amigo, que no es un anciano ni ignora la historia de una forma de comunicación visual que apareció en el último tercio del siglo XIX, insiste en enviar postales de verdad y por correo, sin sobre, franqueadas con la estampilla del país de origen o, en el peor de los casos, con el valor del franqueo impreso. Apoyada contra la computadora en la que escribo, tengo la última recibida: una avenida de palmeras altas y delgadas que conduce a una de las entradas al Jardín Botánico de Río de Janeiro. La postal ha ocupado ese lugar durante unos meses porque me gusta su imagen tranquila, simétrica y sin alardes.
Hoy es tan intempestiva la negada de una postal por correo que se la valoriza inmediatamente, distinguiéndola por su rareza de las decenas de imágenes que llegan a la casilla electrónica. Una postal de cartón no es mejor, es simplemente distinta. A su modo, habla del tiempo: alguien la ha comprado por lo menos diez días atrás, la ha escrito seguramente sentado a la mesa de un bar, ha caminado hasta el coreo con una pila de postales similares dirigidas a amigos que, días después, observan que algo insólito se desliza por debajo de la puerta, no el resumen del banco ni una cuenta ni un folleto de propaganda, sino el rectángulo escrito días antes, que atravesó un tiempo y un espacio reales. Sensaciones raras, casi olvidadas.

Para leer el texto completo, aquí

Publicado en la revista Viva del diario Clarín de Buenos Aires el 25 de enero de 2009.

lunes, 27 de octubre de 2008

Mailer secreto

Las cartas inéditas sobre política de norman mailer son los primeros textos del autor que ven la luz tras su muerte en 2007. 'El país semanal' les ofrece en exclusiva una selección reflexiones sobre uno de sus más valiosos intelectuales, que cobran especial relevancia a 10 días de una cita electoral crucial en la historia del país.

"Sólo voy a decir -y todavía no he escrito
sobre este tema- que, mientras los demócratas,
y en primer lugar Clinton, me repugnan
con lo que llamo su 'política de boutique'
-un poco aquí, un poco allá, y todo servido
con grandes dosis de gilipollez por encima-,
los republicanos son una monstruosidad
psicótica. Por un lado, son Dios, bandera
y familia -aunque pocos de ellos reconocerían
a Jesucristo si estuviera haciendo pis en el retrete de al lado-, y un número asombroso
no ha servido jamás en las fuerzas armadas
ni ha oído una bala, y, como políticos, engañan como conejos a sus esposas y sus familias.
Pero da igual, ¿de qué sirve ser político si uno
no puede ganarse la vida siendo un hipócrita?".

A Sal Cetrano

28 de marzo de 1999


El fantasma de Harvard, Norman Mailer y la CIA

Por Barbara Probst Solomon

Voy a intentar situar las cartas de contenido político de Norman Mailer en el contexto de las fases fundamentales de su vida. Lo primero en lo que pensé fue en El fantasma de Harlot, sobre la CIA, que tal vez debería haberse llamado El fantasma de Harvard. Hace varios años le pregunté a Norman Mailer: "El fantasma de Harlot es una novela sobre Harvard, ¿verdad? Harvard fue el primer sitio en el que viste un microcosmos en el que el poder, el Gobierno, los comunistas y la CIA se mezclaron y se unieron para siempre". Me dijo que sí. En el libro, Mailer cuenta que llevaba 40 años pensando en escribir sobre la CIA. ¿Qué ocurrió hace 40 años, y por qué una espera tan larga?

En 1950, el profesor estrella de Harvard F. O. Matthiessen, que estaba perseguido por el HUAC [las siglas en inglés del Comité de Antiamericanos de la Cámara de Representantes] y Joseph McCarthy, alquiló una habitación en el piso 12 del hotel Manger, en una zona poco recomendable de Boston, y se arrojó desde la ventana. Aristócrata y heredero de la fortuna de la familia Westclox, Matthiessen tuvo la precaución, antes de saltar, de colocar sus dos pertenencias más preciadas en una mesa junto a una nota: su reloj de pulsera y su llave para entrar en la supersecreta Sociedad de la Calavera y los Huesos de Yale, cuyos miembros prestaban juramento de no traicionarse jamás unos a otros. Pese a ello, su íntimo amigo y camarada del club Henry Luce, propietario de Time / Life, había hecho mucho daño a Matty, como le llamaban sus amigos y alumnos. En un artículo de la revista Life se le había calificado de criptocomunista. Matthiessen tenía tendencia a la depresión crónica, y la muerte de su pareja, el artista Russell Cheney, le había dejado emocionalmente exhausto, a lo que había que añadir que el HUAC seguía acosándole. En su nota de despedida, Matthiessen decía: "Estoy deprimido por la situación del mundo. Soy cristiano y soy socialista. Estoy en contra de cualquier orden que interfiera con ese objetivo...".

La primera vez que oí hablar de Matthiessen fue cuando conocí a Norman, su esposa Bea, su hermana Barbara y Paco Benet, en París, en 1948. Mailer había publicado Los desnudos y los muertos, pero no sabía aún que, a su regreso a Nueva York, iba a convertirse, a los 25 años, en una estrella literaria mundial. Los mejores amigos de Norman y Bea en París eran otra pareja de Harvard, el crítico Mark Linenthal y la futura novelista Alice Adams. En las reuniones en el piso de Norman y Bea, en la Rue Madame, Mark hablaba del maravilloso verano que Alice y él habían pasado en la primera asamblea del Seminario de Estudios Americanos de Salzburgo, al que habían ido intelectuales de toda Europa.


El reportaje completo aquí


Publicado en el periódico El País, el 26 de octubre de 2008



Más noticias sobre cartas en http://www.cartas.org.ar/

lunes, 6 de octubre de 2008

París, viernes 6 de octubre, 1967


Mi querida: Estoy rodeado de cartas tuyas de agosto y septiembre, pero no me llegan cartas nuevas. Trato de no preocuparme, de pensar que el correo tendrá la culpa y que pronto leeré noticias recientes tuyas y de Marta. A Sieyès le dije que sí, que tu única preocupación era Marta; decirle que éramos Marta y yo, aunque más exacto, hubiese sido, también, ridículo y presuntuoso.
Hoy voy a ver una pieza de Ustinov, en el teatro des Ambassadeurs.
El té comprado es el Caravan de Ridgeways; delicioso, parecido al Saccone Speed, que ya no existe. ¿Llegaron a Buenos Aires a Usher las Vita Weat que esperábamos? Yo he de llevar unas cuantas cajas.
Sobre la fecha de mi vuelta todavía no te digo nada, porque no puedo fijarla con precisión. Están de nuevo en París los que estaban de vacaciones: La Rochefoucauld, Laffont, el director de Denoël. Si puedo iré por una semana a Italia y a Suiza. En total, París y viaje no me llevará mucho más de un mes. Vale decir que a mediados de noviembre, salgo para allá o quedo esperándolas, tal como ustedes resuelvan. Este viaje, para nosotros tan largo, para mi salud, alma, etcétera, ha sido necesario. Creo que en Buenos Aires iba por mal camino: cansancio, vejez, nervios, enfermedad. Me saqué todo eso de encima. A veces me asombro de no estar cansado. Cuando me acostaba del lado derecho, me dolía el hígado. Ahora duermo del lado derecho o del izquierdo, o como quiera, y me despierto sin dolores. Hace tiempo que no me sentía tan desentumecido y sano.
Te extraño. A.
P.D. Tengo ropa contra el frío. Un saco largo de cashmere, azul.

Publicada en Adolfo Bioy Casares, En viaje, Buenos Aires, Norma, 1996
Para más cartas de Adolfo Bioy Casares a Silvina Ocampo, aquí

sábado, 27 de septiembre de 2008

Un cuento de Fontanarrosa con cartas:


Maestras argentinas: Clara Dezcurra
de Roberto Fontanarrosa

Clara Dezcurra toma la pluma y escribe la fecha: "16 de Julio de 1840". Luego, con la misma letra minúscula y erguida, agrega el encabezamiento: "Querida Juana". Finalmente, tras alisar el papel que tiene la textura y la consistencia del hojaldre, embebe la pluma en la tinta negra, y redacta: "Ayer decidí cambiar el método que siempre utilizamos. Quise darle a mis chicos una alternativa diferente que los arrancara de la enseñanza rutinaria. Esta vez, en la clase de Habla Hispana, dejé de lado nuestra clásica composición 'Voyage autour de mon bureau' y quise sorprenderlos con algo propio, conocido, cercano. Fue entonces cuando les propuse escribir sobre 'La Vaca'."
Clara Dezcurra no lo sabe, pero ha introducido un hábito de escritura que será, luego, por décadas, indicador y modelo en las escuelas criollas.
En realidad, poco y nada decía para sus alumnos la temática de la anterior composición-tipo, "Voyage autour de mon bureau" ("Viaje en derredor de mi pupitre") impuesta por el maestro modernista francés Alphonse Chateauvieux a fines de 1815. La escuela de Clara Dezcurra, apenas un simple salón de tierra apisonada, no tiene pupitres, ni bancos, ni siquiera sillas. Los alumnos se apretujan sentándose en rejas de arado, tocones de ceiba o simples calaveras de vaca que relucen como si fuesen de mármol. La calavera de vaca es el asiento más fácil de conseguir, el más frecuente, porque la escuela nocturna de la señora Dezcurra es, durante el día, un matadero clandestino.
Clara humedece con la saliva de su lengua el reborde pringoso de la tapa del sobre donde ha metido la carta. Lo cierra y luego, aprovechando el calor del candil que la alumbra malamente, derrite casi un centímetro de lacre sobre el vértice de la juntura. Le llega, desde afuera, el olor pesado que viene desde el saladero de cueros, el tufo casi irrespirable a pescado podrido de la costa, y el mugido profundo de algún animal que ha olfateado, quizás, el aroma premonitorio de la sangre.


Para leer el cuento completo, aquí.

jueves, 25 de septiembre de 2008

"Pido a Dios librarme de Karénina"


La correspondencia de Tolstói, inédita en España, refleja su gran tormento interior


Carles Geli

"Ahora me voy a poner a la aburrida y trivial Anna Karénina y le ruego a Dios que me conceda la fuerza que necesito para sacármela de encima lo más rápidamente posible". La carta está fechada en su hacienda de Yásnaia Poliana, el 25 de agosto de 1875, y va dirigida a su gran asesor en temas filosóficos y religiosos, Nikolái Strájov. ¿Se ha vuelto loco León Tolstói para hablar así de una de sus novelas, de las mejores de todos los tiempos? La cosa parece grave, porque tampoco se salva Guerra y paz: "Me resulta repugnante. Es un sentimiento semejante al que experimenta una persona cuando ve las huellas de una orgía en la que participó". ¿Secuela de las heridas de cuando, como oficial, estuvo en el sitio de Sebastopol? ¿Efecto secundario de vegetariano estajanovista? ¿Demencia senil avanzada? Nada de eso: "Está ya en otro momento de su vida, vive por y para la pedagogía, la revisión de Evangelio, sus escritos religiosos... y entonces se pregunta cómo puede haber escrito tanta mentira y tanta ficción superficial. Fíjese que desde entonces ya no volverá a hacer ninguna gran novela", afirma Selma Ancira, responsable de la Correspondencia del escritor ruso, inédita en España y que ahora publica Acantilado.

Con sólo 386 cartas de las más de 10.000 que escribió el grafómano Tolstói (32 tomos de los 90 que conforman su obra completa), Ancira se basta para trazar el dibujo poliédrico del autor ruso, al que ya conoce por haber editado en España sus diarios en dos volúmenes (Acantilado, 2002-2003). "Como están escritas en función de quien va a leerlas, muestra cosas muy distintas a las de otras piezas autobiográficas".

Las 800 páginas del libro no tienen desperdicio. Todo episodio de Tolstói (1828-1910) da para una sorpresa al hilo de un hombre que hizo de su paso por este mundo una búsqueda constante de una vía espiritual que diera sentido a su vida. Y eso empieza ya en el joven de 21 años que ha de escribir a su hermano para que agilice, si es necesario, la venta de uno de los bosques familiares para poder costearse el tratamiento de sus enfermedades venéreas o sus apuestas de juego, pero que lamenta ante su tía (la que les crió unos años tras la muerte de sus padres) no "mantener vivo un corazón bueno, sensible, capaz de amar". "La vida es una prueba y para mí, más que eso, la expiación de mis faltas. (...) Dios mismo lo ha querido así", suelta en otro momento.

El gran punto de inflexión llega con la primera prometida, Valeria Arsénieva, con la que mantiene una correspondencia más filosófica que amorosa. A la joven, que sueña con tener piso en la chic Petersburgo y lucir los hombros en las mejores fiestas, le diseña una vida de anacoreta en su hacienda. Quien se define ya como "hombre moralmente viejo" le escribe: "Todo se consigue en este mundo a base de privaciones y trabajo". O le pregunta: "¿No entiende la abnegación?" en un mundo en el que "muchos no conocen ni el placer ni el sufrimiento morales". El discurso no caló y la relación se rompió, claro.

Pero Tolstói fue consecuente hasta pocos meses antes de morir, cuando escapó de su casa a los 82 años y dejó a su mujer con una misiva brutal (14 de julio de 1910), donde le recrimina su carácter "despótico e incontrolable", pero, sobre todo, por su "concepción diametralmente opuesta del sentido y finalidad de la vida", así como esa "propiedad privada" que para él "era un pecado" y para ella "una condición indispensable". Había mucho más, es cierto: la nula relación marital, la salida a la luz de intimidades de la familia con la divulgación de los diarios y la influencia sobre el escritor de su discípulo Chertkov, a quien Tolstói quiso dejar como seudoalbacea de su obra.

"Pagar el mal con el bien" y "perdonar a todo el mundo" se convirtieron en divisas que rigieron todas las acciones de Tolstói, entre ellas las de construir una escuela en su hacienda para sus siervos y a las que asistían 50 alumnos, para los que realizó diversos cuadernos y abecedarios.

Tanta afabilidad para con sus siervos, ¡a los que les arrendaba sus tierras!, y tanta crítica a la rusia imperial -"continúa la misma barbarie patriarcal, la misma robadera y ausencia de leyes"- atrajeron a la policía zarista. No se amedentró: se quejó al mismísimo zar Nicolás II.

Como era defensor del "no hacer frente al mal", acabó interesando a Gandhi. Éste le había leído y mantuvieron una pequeña correspondencia, que Tolstói aprovechó para animar a Gandhi a no abandonar la no violencia. Y así, en todo: con el Nobel -"me dio una inmensa alegría que no me lo concedieran, me libró del aprieto de disponer del dinero" (en 1902, a unos académicos suecos)-; con el final -"hace unos días sufrí unos síncopes [...] te hace pensar en la muerte"- o con la alimentación -"un plato de avena cocida caliente dos veces a día, sopa de col de cena y compota"-. Así era el gran Dislate.


Misivas bajo la bóveda de acero

"Tolstói era un peligro para cualquier régimen: con tanto poder y popularidad le seguía el mundo entero; en su casa de Yásnaia Poliana iba todo el mundo y todos le escuchaban", testimonia Selma Ancira. Y tanto es así que aún hoy su mirada del mundo sigue vigente: unas 150 escuelas en Rusia estudian con sus libros, al igual que sobreviven colonias tolstoianas, donde no se bebe nada de alcohol, no se fuma, la alimentación es espartana y frugal e impera el ascetismo más riguroso. Un tipo de comunidad de la que Màxim Gorki, ferviente admirador, quiso ser apóstol.

El respeto por Tolstói pervive hoy... dentro de las posibilidades de la contradictoria Rusia. La mayoría de los originales se conservan en la "habitación de acero" del Museo Tolstói de Moscú. "Los vigilantes están tres minutos para desconectar todas las alarmas antes de abrir las puertas con anclajes de un lugar que es como la caja fuerte de un banco", dice Ancira, que trabajó allí entre 1999 y 2007, los mismos años que ha necesitado para su tríptico tolstoiano.

Las cartas no están digitalizadas y cada una debe buscarse en un fichero, que remite a una carpeta donde está cada misiva protegida por papel antihumedad. Gracias a Ancira, la edición española es la primera que no tiene fragmentos censurados con el pretexto de ser "incomprensibles". "La tranquilidad es una bajeza moral", decía Tolstói.


Publicado en el periódico El País el 24 de septiembre de 2009
Más noticias en www.cartas.org.ar

martes, 23 de septiembre de 2008

Una propuesta didáctica a partir de la web:

En el blog Una mano para Terminale, el 14 de septiembre pasado se publicó esta entrada:


Manuel Puig, Boquitas pintadas, introducción

Para un trabajo previo a la lectura de la novela, dos notas sobre 10, a partir de la página del Centro de Documentación Epistolar:
PRIMERA HORA (nota sobre 10, de a dos o tres, entregarle el trabajo a algún preceptor)
1) Seleccionar uno de los textos críticos de "Lecturas" y resumir en diez líneas sus conceptos centrales. Indicar el texto.
2) Seleccionar 6 cartas: dos de la sección “Cartas de verdad” (décadas distintas), dos de “Cartas publicadas” y dos de “Cartas de ficción”.
En los dos primeros casos, resumir: fecha, remitente/destinatario, tema (síntesis, una oración unimembre sería genial); responder: en una circunstancia similar en la actualidad, ¿se mandaría una carta por correo postal?, ¿por qué?
Para “Cartas de ficción”: identificar el género al que pertenece el texto; identificar si es posible remitente/destinatario, tema (síntesis), aspectos ideológicos/estéticos/ políticos/religiosos que aparezcan y señalar un recurso de estilo, con el efecto que produce dentro del texto.
SEGUNDA HORA (lo haremos en clase, nota sobre 10, a partir de algunas consignas en relación a la observación del material)
1) Mirar las imágenes indicadas, que pertenecen al arte pop. Elegir tres y describir la impresión personal que provocan, en un total de veinte líneas.
2) Leer las frases que estarán en distintos papeles sobre o de artistas pop/arte pop. “Responderles” agregando los propios comentarios, tachando, dibujando, etc. Mirar cómo va quedando cada afiche con los distintos aportes. Luego, elegir una de las frases y elaborar un comentario de lo que les sugiera, sea ordenado/racional o no, ambos aspectos mezclados, etc. Aprox. 10 líneas.
3) Mirar el material de lectura: novelas de Corín Tellado, revistas Primera Plana, argumentos de diversas “novelas del corazón”, letras de tangos y boleros que aparecen en los epígrafes de la novela, etc.
El
Centro de Documentación Epistolar tiene dos partes que deberán recorrer para hacer el trabajo. Una contiene textos teóricos sobre la práctica epistolar, la correspondencia y el mundo del correo. En muchas casos, también refieren a autores literarios que trabajaron cuestiones epistolares. En los casos de textos editados, el final del documento presenta la debida referencia.