martes, 22 de abril de 2008

Libros

Cartas desde la ausencia
Emma Riverola
Editorial Seix Barral


Emma Riverola recorre la Guerra Civil con una novela epistolar
Fermín Robles

La Guerra Civil continúa siendo un terreno fértil para la literatura. Y de él acaba de brotar Cartas desde la ausencia (Seix Barral), de Emma Riverola, quien ha apostado por el género epistolar para trenzar la historia de una familia cuyos miembros se ven obligados a huir de los bombardeos y a mantener una relación por carta.
Para Riverola, que debutó en la literatura con El amuleto de papel en 2004, el concepto clave sobre el que gira esta obra es el de ausencia. La novela comienza con las líneas que Jaume le escribe a su mujer la noche antes de partir hacia el frente de Aragón, en 1936. Barcelonés y militante del POUM, tiene una confianza ciega en el éxito de la lucha antifascista y, poco a poco, comienza a relatar a su familia sus progresos entre las trincheras. Aunque pronto, la retirada de los republicanos obliga a su mujer a embarcar a sus hijos rumbo a Moscú junto a otros pequeños exiliados. Allí les espera el padre Stalin con "zapatos nuevos, pasteles, chocolate y queso", escriben los chicos a su llegada.
"Quería escribir una historia de sueños rotos, pero que no sonara triste ni deprimente, sino que reflejara la efervescencia de ideales de la época", cuenta la autora, que con Cartas desde la ausencia repasa también la historia del comunismo de manera "crítica, pero reivindicativa".
La novela de Riverola ilustra cómo la Guerra Civil dejó su huella en tres generaciones de españoles. Y el género epistolar permite a la autora dar voz a una decena de personajes, desde el esforzado miliciano Jaume a su nieta. "He querido ser fiel a los hechos históricos, pero también mostrar la subjetividad de los personajes que vierten sus sueños y desesperanzas en las cartas", dice la escritora. Así lo hace Andreu, hijo del miliciano de novela, desde Moscú cuando le pide a su madre que le envíe "un retrato porque se me olvida tu cara".

Publicado en el periódico El País el 19 de abril de 2008

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